Cuando
un tejido vegetal ha alcanzado el estado adulto o de madurez, habiendo perdido
sus células la capacidad de desarrollarse y de dividirse, puede ocurrir que
determinado estrato del mismo, con elementos todavía vivos y de membrana sutil
o poco engrosada y de naturaleza celulósica, recobre aquellas facultades y se
convierte en un meristema. Estas células rejuvenecidas, dotadas nuevamente de
la aptitud de multiplicarse y de crecer, constituyen un meristema secundario,
llamad así para distinguirlo del primordial. Los meristemas secundarios se
forman casi sin excepción en la parte interna de los órganos, cuando ha cesado
por completo la actuación de los meristemas primarios.
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