Como
consecuencia de cierto estado de equilibrio que se establece entre el
crecimiento de las células meristemáticas y su aptitud de dividirse, alcanzan
éstas la misma magnitud promedial, muy pequeña, y forma aproximadamente cúbica.
La membrana de esas células es sutilísima, el protoplasma rellena toda la
cavidad celular (las vacuolas son muy raros), en la que aparece un núcleo
relativamente grande, y entre célula y célula no existe meato. Tanto el número
de las células integrantes del meristema primordial como el volumen global de
éste, son invariables. Alguno o algunos de los elementos del meristema
primordial constituyen la célula o las células iniciales.
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